lunes, 10 de julio de 2017

Serie Especial: Prometedora la primera edición de MeCa (Mercado Caribeño) International Art Fair

MECA (Mercado Caribeño) International Art Fair 


Por Luis Cotto Román 

Luego de esperar durante meses con gran expectación el ofrecimiento que presentaría al público puertorriqueño amante del arte la primera edición de MECA, finalmente la misma se materializó ante nuestros ojos desde el jueves, 1 de junio, hasta el domingo, 4 de junio de 2017. Si logramos desentendernos por un momento de la compulsión comparativa que inevitablemente aloja en nuestras mentes el recuerdo de la celebración de CIRCA ya hace casi una década, podremos mirar con entusiasmo futuras ediciones de MECA. De ser afortunados de presenciar nuevas ediciones en los próximos años,  quizás lleguemos a la conclusión de que el nombre escogido para el evento pudiera ser el más apropiado, pues como sugiere el mismo, esta feria podría llegar a ser escenario de un productivo mercado caribeño del arte; centro de mayor apogeo de la actividad mercantilista de las artes en la Isla, y punta de lanza de un esfuerzo coordinado y pensado de turismo cultural; o, como pudo haber sido para sus organizadores, el destino final de una Hégira invertida.

Aunque la sede de MECA carece de la fastuosidad del Centro de Convenciones que sirvió de hogar a CIRCA, resulta innegable el encanto arquitectónico, el garbo y elegancia del Conservatorio de Música, bello edificio que, dada su cercanía a la hermosa vista de la Laguna del Condado que en horas de la temprana tarde del sábado pudimos apreciar al darnos cita allí por primera vez, hace más agradable la experiencia de contemplación. Es justo aclarar que esta apreciación no persigue en modo alguno restar importancia a la muy meritoria gesta de CIRCA, y el esfuerzo vanguardista que representó en nuestras artes. Antes bien, reconocemos que el recuerdo de la experiencia de CIRCA nos mantuvo con hambre por un nuevo evento de este tipo, y recibimos como una bocanada de aire fresco la iniciativa de MECA, la cual quedó acentuada con la muy real y refrescante bocanada del airede la costaque se podía aspirar desde el momento de la llegada del visitante al estacionamiento del Conservatorio de Música. Debido a la cantidad de salones que alojaba cada uno un limitado número de espacios de exhibición, el visitante podía sentirse en plena complicidad con la actividad artística allí desplegada y, por la configuración del espacio, resultaba ciertamente algo natural el dispensarle a las obras el tiempo y consideración que merecían. El protocolo de abrir la puerta y saludar en un espacio íntimo y acogedor a quienes servían de anfitriones de cada espacio, contribuyó, en nuestra apreciación, a promover el diálogo y la cercanía del espectador con unas obras que éste no podía despachar tan fácilmente.Eso, nos parece, convirtió la experiencia en una más grata y completa.

Además, al no ser abrumadora la cantidad de expositores, pues se trataba de unos poco más de treinta (30) entre galerías locales, internacionales y proyectos especiales, se minimizaba el efecto pernicioso en la mente y los sentidos del espectador del cansancio visual, muy común en eventos artísticos en que, desafortunadamente, no se pondera con la debida sensatez la importancia de no fatigar al visitante. Si a ello agregamos que a cada salida de los salones, y su paso al próximo, el olfato del visitante quedaba embriagado con el olor a salitre, y que contaba con la opción de dirigirse al final del pasillo para deleitar su vista con el espectacular paisaje del Atlántico en lontananza, o al acortar el campo de visión se encontraba con la consustanciación de lo marino y lo urbano, podemos concluir que el efecto terapéutico para el visitante fue dual: el de la apreciación estética de las artes plásticas, y el de la desbordante experiencia estética de las bondades y encantos de un ambiente natural que conspiró para hacer la experiencia una inolvidable.

No sería justo ignorar en mis impresiones sobre MECA la profunda sensación de sentirme bienvenido al recibir el cálido saludo de Mariángel Gonsales, Productora y “Project Manager” de la feria. Un detalle simple, pero tan importante como ese, puede hacer una enorme diferencia en la actitud que decida asumir el espectador en eventos de este tipo. El elegante detalle personal de Gonzales me comunicó de manera elocuente que este proyecto le importa mucho a ella y a los fundadores de MECA y que, mientras en épocas aciagas y decadentes en lo material hay quienes extinguen sus energías y, de paso, extinguen las de otros, en proclamar la irremediable debacle social y económica que nos aguarda, hay quienes, sin embargo, ponen sus miras en proyectos en los que creen con convicción y no permiten que el fatalismo y el desánimo corten las alas de un vuelo que merecen remontar a grandes alturas. Se trata de un proyecto optimista y ambicioso, pues las ferias de arte son el escenario cumbre de las galerías, cuyo objetivo es vender arte. Es, por tanto, el esfuerzo de MECA uno valiente en un clima económico de estrechez, en que el arte es percibido generalmente como un lujo. El objetivo de MECA, pues, es atraer al público comprador de arte para sacudirlo del marasmo de la cautela excesiva y que actúe con la seguridad de que nuestra cita  con el crecimiento económico resultará en una feliz unión con éste. Eventos de este tipo hacen falta y merecen ser apoyados.

Obras de Jesús “Bubu” Negrón / Embajada (San Juan)

Luego del breve encuentro con Mariángel, mi parada inicial en lo que sería mi recorrido por la feria, fue en el salón donde estaba la muestra de Embajada (San Juan) y Marlborough Contemporary (New York y Londres). En la sección de Embajada, mis ojos se posaron sobre las atractivas y lúdicas esculturas de colillas de cigarrillo de Jesús “Bubu” Negrón, que dialogaban fluidamente con encantadores dibujos en pequeño formato de un cariz simple y primitivista, con el atractivo característico del estilo directo y refrescante de Negrón, que presenta, con una innegable influencia del movimiento Pop, objetos del diario vivir. En la sección de Marlborough Contemporary, me deleité en la poderosa abstracción de un artista cuyo nombre, desafortunadamente, nadie me pudo decir cuando pasé el sábado. Ello no me impidió disfrutar de ese manto azul grisáceo con sugerencia de formas corpóreas que, dada su difuminación, irresistibles aguadas y el maridaje de azul, negro y blanco, dotaban la pieza de un misticismo sobrecogedor y agarre en la siquis.

Obras de John Riepenhoff / Marlborough Contemporary (New York y Londres)

Debido a que me frustró la falta de conocimiento sobre un elemento tan básico como la identidad del artista de la obra abstracta que acabo de destacar, además de que quería conocer un poco más sobre la propuesta de Negrón en el espacio de Embajada, y de otras propuestas que tuve que apreciar de manera algo apresurada el sábado, me propuse visitar la feria también el domingo. Fue en esta segunda visita que tuve el placer de conversar con el talentoso artista plástico Christopher Rivera, quien trabaja con Marlborough Contemporary y quien, muy gentil y entusiastamente, aclaró mis dudas. Así, pude conocer que el autor de la abstracción que tanto me había cautivado es John Riepenhoff; que recién participó en la Bienal de Whitney; y que la razón por la cual ejercía un efecto tan poderoso en mis sentidos la abstracción que tenía allí expuesta, era por la manera en que había concebido producir la misma, pues me explicó Rivera que dicha pintura pertenece a una serie del artista que se conoce como “Plein Air Paintings”, cuyas obras el artista produce en noches en que no haya nubes visibles en el firmamento, de modo que destaquen los puntos luminosos de las estrellas. Así, el artista acomete la tarea de trabajar con la escasísima iluminación natural que la noche pueda ofrecer. Es en esas circunstancias que el artista da forma a sus observaciones en las penumbras.

Obras de Jesús “Bubu” Negrón / Embajada (San Juan)

En cuanto a los dibujos de Negrón, Rivera también pudo brindarme valiosísima información que me permitió apreciar mejor su propuesta, pues tanto las esculturas de las colillas de cigarrillos, como sus dibujos, reflejan su experiencia en China, donde el artista hizo residencia. Según me explicó Rivera, distinto a esculturas previas de colillas por las que Negrón es ampliamente conocido, las que presentó en MECA tienen diversos colores, representando los diversos colores del papel para envolver los cigarrillos que Negrón observó en el país asiático. Sus esculturas exhiben, además, caligrafía china. En cuanto a los dibujos, Negrón originaba los mismos en su teléfono celular, utilizando alguna aplicación que desconozco, para lograr comunicarse con los habitantes de dicho país. Así, por ejemplo, elaboró dibujos que le permitían expresar su origen nacional; preguntar dónde podía enchufar su teléfono celular para cargarlo; en qué sitio podía conseguir jugo de china o naranja, entre otras necesidades de comunicación que le planteaba su estancia allí. Negrón hizo impresiones limitadas de sus dibujos, las cuales se ofrecían en la feria a doscientos dólares ($200) cada una.

El espacio de National, proyecto local de Melvin Martínez, exhibió, no solamente su trabajo, sino las propuestas de Gamaliel Rodríguez y Rabindranat Díaz, con la reciente incorporación del veterano y experimentado artista Jorge Zeno. La presentación del espacio exhibía como protagonista una pared tipo instalación con obras de Melvin Martínez en diferentes medios y estilos, que dialogaban fluidamente unas con otras. Pinturas en su densamente matérico estilo ya característico, se conjugaron con obras en papel en que combinaba imagen y palabra en la mejor tradición cartelística, dando paso a una propuesta multiforme y atractiva que atrapaba al espectador por su variedad y cambio de lenguaje plástico de una a otra de las piezas que conformaban su instalación. En el suelo, hábilmente colocada, se podía apreciarla diestra e impactante obra de Gamaliel Rodríguez de objetivos aéreos, siguiendo la temática militar y de guerra que durante años ha explorado el artista bayamonés. En una de las paredes se encontraban refrescantes obras de Rabindranat Díaz en que representó a boxeadores, en un dualismo interesante, pues sus obras exhibían el contraste entre la sugerencia de la violencia que se deriva de los guantes de boxeo, con la serenidad en los rostros de los púgiles, sus miradas inocentes, y sus cuidadosos peinados. Dichos rasgos, unidos al fondo blanco en que se manifestaban, diluían la posible violencia que se asocia con la actividad pugilística. En la pared opuesta, se podían apreciar obras en pequeño formato de Jorge Zeno, con colores brillantes, la utilización de aerosol, y elementos que evocaban a Harring, Miró y Matisse. El espacio de National fue uno hábilmente organizado y visualmente atractivo.  Su anfitrión, Jorge Frontera, aparte de hablar muy informadamente sobre las obras, destacó la buena organización de la feria, el entusiasmo e interés del público, y contestó con paciencia y amabilidad cada pregunta que le formulé.

Obra de Julio Suárez / Agustina Ferreyra (San Juan/México)

Agustina Ferreyra (San Juan/México), exhibió dos portentosos lienzos de Julio Suárez, en su finísimo y sutil minimalismo, consistentes en campos monocromáticos de color, en verde y gris, ambos atravesados por una línea vertical que se alzaba sobre la superficie plana, evocando los “zip paintings” de Barnett Newman, pero con un elemento tridimensional. Sus lienzos reflejaban una serena pulcritud y el despliegue de una atractiva simetría acentuada por sus bordes blancos.

Obra de Seth Bogart / Mission (Los Angeles) 

Mission (Los Angeles) presentó en su espacio pinturas y esculturas de Seth Bogart, en un estilo Neo-Pop de brillante paleta, causando un particular impacto sus esculturas en cerámica representando productos de consumo, tales como latas de refrescos, cepillos de diente con pasta simulando la colorida “Aqua Fresh”, y hasta guineos a medio pelar. Su propuesta trajo a mi mente el Arte Pop de Andy Warhol y las esculturas blandas de ClaesOldenburg.

El proyecto especial “Green Go Home” (Tailandia/Vietnam), según me explicó Laura Rivera, encargada del espacio, es una iniciativa de RirkritTiravanija y Tomas Vu en que los artistas exhibieron fotografíasde figuras locales,siguiendo su ya conocida propuesta de hacer lo propio en cada país que visiten  que tenga en su historia períodos de intervención militar, principalmente norteamericana. El conjunto de retratos de conocidos rostros de figuras de impacto en el devenir histórico de la Isla, tiene el efecto de crear intimidad con el espectador y promover en éste que se plantee con seriedad, y reflexione, sobre el problema denunciado. En dicho espacio, hubo en varios momentos durante la feria actividades de impresión de camisetas con mensajes inscritos en planchas, tales como: “El Odioso Olor de la Verdad”, “El Mar que Ves no es el que Otros Verían”, y “Soñamos bajo el Mismo Cielo”.

Por su parte, Roberto Paradise, de Francisco “Tito” Rovira, otro de los exhibidores locales, presentó collages del artista de performance Freddie Mercado, quien recreó varios de los personajes que ha trabajado a lo largo de su carrera. Compartió con Mercado el espacio de Roberto Paradise, la obra de José Luis Vargas, la cual impacta por su monumental escala y su temática política y social. En un ameno diálogo con Rovira, éste me habló con evidente entusiasmo de cómo Vargas ha ido transformando su propuesta, de una en que tomaba pinturas haitianas que compraba e intervenía con elementos de su creación hasta convertirlas en su propia propuesta artística, a una en que dejó a un lado el apropiacionismo del que partía, optando por producir él mismo incluso la “pintura haitiana” de base. Expresó Rovira que Vargas ha internalizado el lenguaje de los artistas haitianos y su manera muy propia de concebir el paisaje, pero recontextualizándolo en la realidad puertorriqueña, reflejando las preocupaciones y problemáticas propios a ésta. En una de las piezas, se identifica la pregunta “¿Cuándo?” y la respuesta “Todavía”, para aludir a la pregunta perenne del puertorriqueño que reclama saber cuándo se definirá el status de la Isla y finalizará su condición colonial. La respuesta de “Todavía” que sale de las entrañas del paisaje representado es un símbolo de lo arraigada de esa incertidumbre, la cual surge de las interioridades de la tierra misma que, ya inmersa en los dramas del Siglo XXI, reclama conocer lo que es una realidad cotidiana fuera de los cauces del colonialismo. En el paisaje, el artista le sugiere al espectador una bandera, sirviendo de asta el tronco de un árbol, y, de la bandera, un ominoso y temible ser que parece transitar por el paisaje en forma horizontal, en una posición en relación con el tronco que parece como si fuera la bandera misma. Pinceladas circundantes de blanco, azul y rojo sugieren los colores de las banderas, tanto de la de la Isla como de los Estados Unidos.
Obra de José Luis Vargas / Roberto Paradise (San Juan, P.R.)

En la pieza “El Museo de Historia Sobrenatural” se representa a una isla/islote, dominado su paisaje por un ser misterioso de dimensiones monstruosas que siembra el terror y se erige como figura temible y avasalladora. El artista denuncia un estado de alucinación colectiva producida por el influjo de fuerzas sobrenaturales que se imponen sobre el devenir normal de los acontecimientos políticos y sociales de un Pueblo. Su manera mística de presentar el colonialismo le da una dimensión diferente a los elementos mágicos y de hechicería tanpresentes en representaciones artísticas haitianas tradicionales. Trasladada a nuestra realidad, el artista presenta los mismos monstruos y hechizos, pero con una carga política de denuncia.

Obras de Guillermo Rodríguez / La Estación Espacial (San Juan, P.R.)

En la sección de “Mecanismos”, ubicada en la estructura contigua al edificio principal del Conservatorio, resultaba evidente el entusiasmo ante las propuestas de artistas emergentes que pusieron su alma en proyectos especiales que merecían la más respetuosa consideración. Mi parada en La Estación Espacial (San Juan, P.R.) me permitió la oportunidad de reconectar con la encargada del espacio, Iberia Pérez González, estimada amiga de finísimo intelecto y conocimiento artístico que conocí hace más de diez (10) años cuando ésta era asistente en Obra Galería Alegría. Pude deleitarme en el exquisito y retante diálogo con una profesional que acaba de regresar a la Isla luego de una década, durante la cual, entre otras cosas, efectuó sus estudios doctorales en Historia del Arte en la Universidad de Essex. Me causa honda satisfacción saber que, cuando mucho de nuestro talento más granado se aleja de nuestras costas, otro regresa, con el ánimo y entusiasmo de formar parte de un cambio social decisivo, profundo y definitorio. No podía alejar de mi mente la brillante exhibición “Espejos adentro, espejos afuera”, de pinturas del artista ecuatoriano Osvaldo Guayasamín en 2005 en el Museo de las Américas, de cuyo éxito Pérez González fue parte instrumental con una labor de curaduría de ensueño.

Obras de Chaveli Sifre / La Estación Espacial (San Juan, P.R.)

Con la agudeza intelectual que la caracteriza, Pérez González me presentó las esculturas “naturales” de Chaveli Sifre, en un innovador y original concepto que la artista denomina “Coconut Bombs”. Se trata de cocos reales, los cuales cuentan con un tapón para evitar la salida de un líquido aromático, un auténtico perfume, que apela al sentido del olfato, mientras a su vez los extractos de coco son susceptibles de ser degustados, por servir su contenido igualmente de bebidas de consumo. Pérez González me habló también de las esculturas de piso de Guillermo Rodríguez, consistentes en pedazos de brea que el artista consigue en la calle y a los cuales les aplica interesantes colores con esmalte de uñas, haciendo interactuar dos objetos que son derivados de petróleo. Me presentó, además, la interesante obra pictórica/escultórica de Javier Bosques, en la cual Bosques intervino unas auténticas telarañas que adhirió al soporte pictórico para intervenirlas con color, formando unas líneas interesantísimas que se presentaron como un diestro dibujo natural, matizado con el color aplicado por el artista. Sin duda alguna, se trata de un atractivo e interesante trabajo colaborativo entre la araña y Bosques.

Me despedí de Pérez González con el recuerdo en la mente de nuestra conversación sobre los profundos cambios vividos por nuestra sociedad en la última década y, cuando tuve la oportunidad, rescaté su ensayo “Guayasamín: entre la forma y el contenido”, y pensé cuán atinadas a nuestra situación actual son sus palabras finales en el mismo:

“Apunta Luis María Anson: ‘…hay que poner un espejo delante de la sociedad en la que se vive y hay que penetrar hasta el fondo en ella’. Los espejos pintados por Guayasamín nos permiten penetrar en un abismo oscuro y profundo que a veces desearíamos no haber conocido. Empero, la fuerza de su propuesta plástica nos obliga a ser conscientes de una realidad que nos interpela a través del tiempo y nos remite al lugar donde la solidaridad es la lucha por la liberación del otro”.

Obra de Javier Bosques  / Km. 0.2 (San Juan, P.R.)

Abandonada La Estación Espacial, llegué al Km. 0.2 (San Juan, P.R.), donde atrajo mi atención una escultura en hierro de Javier Bosques, el mismo artista representado en La Estación Especial con el inusual dibujo con telaraña, pero esta vez me causó curiosidad una especie de caja formada por pedazos de esas rejas que con tanta prominencia se apreciaban en los setenta y los ochenta en las múltiples urbanizaciones de clase media que proliferaron en Puerto Rico. Uno de los gestores del espacio, el extraordinario artista KarloAndrei Ibarra, me explicó que la escultura de Bosques alude a esa explosión desmedida que se dio en el sector de la construcción en nuestra Isla. Explicó que, en un inicio, la arquitectura surgió para proveer una vida digna a la clase media, pero que, con el paso del tiempo, la arquitectura pasó de lo decorativo, a convertirse en un muy necesario mecanismo de seguridad para el ciudadano que se sentía amenazado por una criminalidad que crecía en espiral, como un indeseable producto derivado del progreso material mismo.

Obras de Santiago Pinyol / Km. 0.2 (San Juan, P.R.)

Obra de Roberto (“Yiyo”) Tirado Km. 0.2 (San Juan, P.R.)

Ibarra también me presentó las obras del colombiano Santiago Pinyol y del puertorriqueño Roberto (“Yiyo”) Tirado. La obra de Pinyol versa sobre el principio de la imagen, pues la obra artística, al concebirse, parte de líneas. En la obra de Pinyol, se aprecia el espacio negativo tan prominentemente como la línea, y el acrílico tiene el efecto de reflejar al artista y al espectador, lo cual completa el ciclo de apreciación estética. Su trabajo es sobre el inicio de la obra y la elocuencia del silencio. Tiene ecos de las ideas de la Bauhaus de Weimar; de la geometría idealista teosófica de Mondrian y de sus diseños pulcros, espiritualistas, aspirantes a un nuevo orden social en que el arte jugara un papel neurálgico. Por su parte, la obra de “Yiyo” Tirado, la cual le valió ser seleccionado ganador de una residencia en Mana Contemporary, en Miami, Florida, y una exhibición durante la edición de 2017 de Miami Art Week, es una deliciosamente asimétrica pieza en varillas de construcción, la cual representa paisajes industriales. Su obra presenta un ghettode cemento; paisajes desfasados que se salen de sus cauces y que, salidos fuera de su registro, expresan elocuentemente el problema del desparramamiento urbano.

Obra de Rogelio Báez / Out of Space (San Juan, P.R.)

Unos pasos después, en el espacio de Out of Space (San Juan, P.R.), me encontré con el querido artista Rogelio Báez, a quien no había visto hacía años, y quien compartió espacio con los igualmente talentosos Omar Velázquez y Rigoberto Quintana. Fue un verdadero placer hablar con Rogelio, y escuchar la dimensión tan profunda y de inteligente contenido político-social con que ha dotado sus obras. Sus impactantes y expresivos lienzos, de gran pastosidad y un atractivo e irresistible gestualismo, presentan importantes edificios oficiales locales amenazados en su integridad por explosivos que, a un nivel literal, anuncian su destrucción física y, a un nivel metafórico, sugieren eventos iconoclastas conceptuales e ideológicos, desestabilizadores del “orden”de lo conocido para dar paso a un muy necesario nuevo comienzo. Para el artista es tan importante la experiencia arquitectónica y reflexión sobre el espacio, como lo es el discurso de cambio social que, en alguna medida, pudiera parecer una amenaza a la historia de cada edificio, pared, jarrón, mobiliario, y cada elemento constitutivo de estructuras que representan un viejo orden en el cual el artista detecta fisuras y ruina que deben ser restauradas. 

Obras de Omar Velázquez / Out of Space (San Juan, P.R.)

Obra de Rigoberto Quintana Out of Space (San Juan, P.R.)

La obra de Omar Velázquez, por su parte, seduce al espectador por su brillo, color y la densa aplicación de pigmento en balance con áreas planas. La arquitectura y el comentario social son centrales a su propuesta, y plásticamente se detectan afinidades con Ed Ruscha, mas sólo en apariencia, pues el comentario social de Velázquez es incisivo y punzante, lo cual lo coloca en una categoría muy propia. Por su parte, Rigoberto Quintana presentó esculturas simulando escombros de concreto, sobre los cuales parecen caminar hormigas que trabajan incansablemente en la labor de reconstrucción social del Pueblo, desde las entrañas de la colectividad. Nos recuerda su propuesta la reflexión de AnselmKiefer consistente en que de los escombros de la destrucción emerge un nuevo comienzo.

Muy cerca de Out of Space, visité el espacio de Sofía Reese Del Río (New York/Culebra), donde quedé embelesado con la obra de Frances Gallardo. La misma representa una invasión de mosquitos que parecen moverse en espiral, de Norte a Sur, y de Oeste a Este. La elocuente artista me habló del paciente trabajo de dibujar a bolígrafo en papel cada mosquito, los cuales luego transfirió digitalmente, adhiriéndolos individualmente a la superficie con alfileres. Para Gallardo los mosquitos siempre han representado el tránsito, el movimiento, la impermanencia. Los ve como abstracciones que sabemos nos circundan; los escuchamos y sentimos, pero nunca llegamos a verlos cara a cara. Los presenta plásticamente como grafismos, y ve en su movimiento en espiral un paralelismo con la migración, pero una que discurre de Norte a Sur, de Oeste a Este; de Estados Unidos a Puerto Rico.

Obra de Frances Gallardo / Sofía Reese Del Río (New York/Culebra)

En este estado discursivo me encontraba cuando se me acercó una periodista alemana que me explicó que había llegado a la feria para tratar de obtener atisbos de las preocupaciones del pueblo puertorriqueño expresadas a través de sus artes. Me indicó la periodista que le había sido asignado efectuar un reportaje sobre Puerto Rico y que, al enterarse de la primera edición de MECA, quiso conocer de primera mano las expresiones artísticas contemporáneas del patio para tratar de entender mejor el alma del pueblo y cómo el puertorriqueño se ve a sí mismo, ello a través de sus artes. Tuvimos un diálogo franco y espontáneo en que resultó inevitable discutir la Ley PROMESA; el escenario atípico de una Junta de Supervisión Fiscal y la amplitud de sus poderes; la interacción de las subdivisiones políticas, agencias y municipios del entramado gubernamental con una nueva superestructura que cuenta con el poder legal para imponerse en áreas que antes dependían de la voluntad y el imperio de los organismos locales, lo cual le hace plantearse y replantearse al puertorriqueño muchas preocupaciones que tienen que ver con identidad, sentido de amor propio y su visualización del derrotero que como Pueblo oteamos en el horizonte, entre otras inquietudes. Ante su pregunta de cuál yo podía identificar como el elemento que hace la producción local distinta de la de cualquier otra parte del mundo, le indiqué, de la manera más honesta que, si bien el artista puertorriqueño está al tanto de las diversas corrientes artísticas a nivel global, y las incorpora a su quehacer, hay unas preocupaciones comunes a los hijos de esta tierra sobre una realidad en transición que, indefectiblemente, coloca al artista puertorriqueño en la necesidad de plantearse, definir y reconciliarse con su identidad nacional; hurgar cuál es su lugar en una nueva sociedad y en un nuevo orden; expresar cómo se ve ahora y cómo quiere verse en unos años. Le indiqué que el arte local necesariamente aborda la política y las luchas; la heterogeneidad de pensamiento; el orgullo patrio, pero también la duda; y que, como seres humanos, tenemos expresiones de angustia existencial que compartimos en calidad e intensidad con el resto de la humanidad, pero, por nuestro origen nacional e historia común, igualmente albergamos en nuestro interior una angustia regional que sólo podemos entender los habitantes de la Isla, independientemente de la ideología política de cada cual. Le expresé que esas fuerzas en tensión necesariamente inundan las propuestas de nuestros artistas, pues son ideas en constante ebullición que siguen dando vueltas en nuestra alma colectiva hasta que alcancemos una muy necesaria definición de lo que queremos y deseamos. Sencillamente, el artista no puede dejar de ser lo que es. Es puertorriqueño y eso matiza su producción, por lo que su obra lleva ínsita los amores, desamores, resentimientos, convicciones y dudas que, con variaciones individuales, laten en el alma de cada hijo de esta tierra, ello independientemente de cómo cada cuál conceptualice el futuro político de nuestro Pueblo, y su relación con Estados Unidos.

En mi tránsito entre “Mecanismos” y el espacio principal de exhibición, tuve el privilegio de sentarme a dialogar y compartir un gratísimo momento con mi querido amigo, el Lcdo. Roberto Blanes Ibarra, y su hermosa y amada hija Elena, de casi cuatro años de edad. Nos sentamos a degustar un delicioso almuerzo y a sorber refrescantes bebidas en un entorno que sentimos había adquirido el matiz de una feria tradicional, con el regocijo y ambiente festivo y placentero al alma propios de esas ferias de luz y color que descubrimos cuando niños y que, desde entonces, se aferran al recuerdo y se recrean a la menor provocación, cuando, ya en nuestros años de adultez, quedamos inmersos en algún ambiente similar. Vi disfrutar a la distinguida y respetada Hiromi Shiba, en compañía de su nieta, de edad similar a Elena, entablando ambas niñas una instantánea amistad, encendida por una feliz coincidencia en MECA. Divisé a Judith Zorzy, a quien sólo había visto en fotos, y la saludé con una sonrisa, como si la hubiera conocido anteriormente. Aunque ella no me conoce, yo sí sé de ella y de su amor por nuestras artes.  La vi radiante en su disfrute de una actividad en que el más selecto arte joven local contemporáneo se reúne, y confirmé en su sonrisa su satisfacción con la actividad y su persistente amor por el arte puertorriqueño, el que promueve con ahínco y convicción fuera de nuestros lares, específicamente en Estados Unidos.

MECA (Mercado Caribeño) International Art Fair 


Quise, como colofón a mi experiencia en MECA, intercambiar unas palabras con Mariángel, pues sentía que debía cerrar la experiencia con una nota tan cálida y significativa como la que ella me regaló al principio, cuando me dio la bienvenida. Su satisfacción ante el saldo total del primer capítulo de MECA no podía ocultarse. Me explicó cómo todo ese esfuerzo de autogestión, contra viento y marea, rindió fruto. Cuando le indagué qué haría distinto, ya con la experiencia ganada de su primer esfuerzo con MECA, me contestó que aspiraba a conseguir auspicios para que la cuesta no resulte tan empinada la próxima vez. Me indicó que entendía que los espacios locales lograron ventas, y que los expositores de otros lugares, si bien aún con precios altos en comparación con los de espacios locales, mostraron flexibilidad para tratar de ajustarse a las realidades del mercado local. Destacó Mariángel con particular entusiasmo que la gente fue con el propósito de disfrutar y ver arte, y que la experiencia fue emocionante y enriquecedora para personas no acostumbradas a exponerse a nuestras expresiones plásticas. De eso se trata; de que cada cual tenga su relación de intimidad con el arte, pues el único requisito para derivar beneficios de la experiencia estética, es contar con un alma sensible. Quizás climas económicos retantes como el que vivimos exacerban en los espectadores esas pasiones dormidaspor la belleza y por el arte más excelso que puede producir el genio creativo humano. Vivimos en un momento en que el arte se ha democratizado y cada opinión, cada insumo, cuenta. Todos tenemos derecho a experimentarlo y disfrutarlo sin temor a expresar cómo lo percibimos, pues en este ejercicio no hay respuestas incorrectas y lo que importa es qué expresión artística mueve el mundo interno de cada cual. Es por esto que MECA merece nuestra confianza y nuestro apoyo, pues se trata de un proyecto con sentido de propósito para una sociedad que merece recibir y disfrutar de buenas noticias. Hay un caudal de talento patrio que vimos en efervescencia, en ebullición, y es justo que ese talento pueda desplegarse con libertad, sin cortapisas innecesarias ni la indiferencia del colectivo social del que forma parte. Nuestros artistas merecen ser apreciados y hacer carrera en su suelo. Tenemos la gracia, además, de contar con gestores culturales de pujanza que también merecen nuestro auspicio y colaboración, de modo que nos puedan regalar una segunda edición de esta prometedora feria. A los organizadores, artistas y visitantes, nuestro agradecimiento por hacer MECA una realidad, y nuestro mejor deseo de quemuchas alegrías más toquen a sus puertas, pues el pueblo puertorriqueño merece estar de feria. Nuestra Isla es la meca del Encanto por alguna razón; no podemos, ni debemos, olvidarlo.


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