domingo, 1 de enero de 2017

Trazos lumínicos vitales de Claudia Senior Rogés




Por Lic. Luis Cotto Román 

“Tu vida es ante tu propia conciencia la revelación continua, en el tiempo, de tu eternidad, el desarrollo de tu símbolo; vas descubriéndote conforme obras…Cuando la vida es honda, es poema de ritmo continuo y ondulante.  No encadenes tu fondo eterno, que en el tiempo se desenvuelve, a fugitivos reflejos de él. Vive al día, en las olas del tiempo, pero asentado sobre tu roca viva, dentro del mar de la eternidad; al día en la eternidad, es como debes vivir”. 
Miguel de Unamuno

Conocí a Claudia Senior Rogés una noche del mes de julio en el exquisito y acogedor espacio de REM Project, del estimable amigo Roberto Escobar. Había reclutado a mi amiga y cómplice Arleen para lo que prometía ser el feliz encuentro con una prometedora exponente de la plástica. Una vez llegamos a REM Project, Claudia comenzó a revelar la magia de su proceso de creación ante nuestros propios ojos. 

Haciendo honor a sus apellidos, esta magistral artista se enseñoreó de la tela y, de manera arrolladora, convirtió el lienzo en su campo de acción, cual digna heredera de los postulados del Expresionismo Abstracto que tan bien articularan formalmente los críticos Clement Greenberg y Harold Rosenberg, y ejecutaran con incomparable maestría Jackson Pollock, Willem De Kooning, Clyford Still y demás portaestandartes de este impactante e influyente movimiento.  Afortunadamente, partiendo de su plena conciencia de la herencia acumulada a través de la historia de la plástica, Claudia acometió su intervención con el lienzo de una manera distinta a la de cualquier otro exponente sobre cuyas obras mis ojos se hubieran posado.  Los colores y texturas, logrados de manera algo deliberada al principio, fueron cubiertos con cinta adhesiva, sobre la cual la artista aplicó más colores, cubriéndolos nuevamente con cinta adhesiva, procediendo a plasmar más pigmento sobre las cintas colocadas. 

Su proceso, si bien técnicamente admirable y pletórico de destreza, no se hizo siervo de su propia trayectoria, pues la artista logró hechizar nuestros sentidos al verter a raudales su alma sobre la tela y, en un ansia febril de revelar la energía contenida y aprisionada por la cinta adhesiva, comenzó el proceso de retirar los pedazos de ésta, revelando de a poco los trazos lumínicos que se ocultaban bajo su superficie. Siendo afortunado testigo del proceso paciente, hábil y creativo seguido por Claudia, degusté las en extremo delectables composiciones que quedaban plasmadas en el lienzo con el retiro gradual de las cintas. Cada estadio composicional era una obra en sí misma, con su singular belleza y poder expresivo.  Pensé en algún momento que el continuo retiro de cintas arruinaría la pieza final, mas no pude disimular el arrobamiento de mis sentidos ante el resultante avasallador estallido de colores formando un sublime retrato cromático y de formas. Tal estallido, sin embargo, dejaba sin revelar adicionales composiciones en potencia, pues la artista había elegido deliberadamente dejar cintas en su lugar y, bajo ellas, trazos lumínicos no revelados.



Imagino que mi fascinación con el proceso de creación de Claudia no podía estar muy distante en intensidad a la que exhibiera el documentalista Hans Namuth cuando presenció y grabó la ejecución danzante de Pollock sobre el lienzo colocado horizontalmente sobre el suelo. En el caso del pintor estadounidense, su acción liberadora y ejecución composicional la lograba a través de su técnica de “dripping” con eco en las danzas rituales de los indios Navajo, creando mundos pictóricos inimaginables originados en su siquis, con una mezcla del automatismo proveniente del inconciente jungiano y el sentido composicional y cromático del artista consagrado. Por su parte, la ejecución liberadora de Claudia se lograba a través de la revelación de universos nuevos de color y forma.  La artista actuó igualmente impelida por alusiones y resonancias inscritas en su mente; materializadas en una ejecución animada por el fino balance entre el automatismo inconciente y la deliberación de la artista que conoce su oficio.  Agregó a dicho conjunto de estímulos, voces diversas que resonaban  en su mente, abarcando desde la tradición plástica universal e insular, hasta las ricas vivencias aglutinadas en su recuerdo que reclamaban ser expresadas, elementos que utilizara como materia prima para, al igual que Pollock,  crear un producto muy suyo y original.

            Aún antes de que finalizara el cuadro cuya ejecución presencié, el proceso creativo y la maestría técnica de Claudia, unidos a la autenticidad de su persona y su propuesta, me llevaron a expresarle a Roberto que la obra que ella revelaba gradualmente ante mis ojos, sería mía.  La adquirí esa misma noche y comenzó mi feliz convivencia con ese trozo del finísimo genio creativo seniorogesco.

Exposición "Revelaciones" de Claudia Senior Rogés en la Casa Ashford de Condado 
Foto suministrada

Pronto advertí, sin embargo, que aún en los momentos del día en que no me encontraba contemplando físicamente la obra adquirida, no podía borrar de mi mente su imagen.  Su explosión cromática y de formas subyugaba mis sentidos; palpitaba en los confines de mi mente; y resonaba en las honduras de mi alma toda. Visualizaba y sentía que sus colores, textura y composición golpeaban mi retina con la misma fuerza y energía que sentí la primera vez, penetrando de algún modo extraño los intersticios de mi siquis y aferrándose a mi memoria como una presencia constante.  La pintura se recreaba sin cesar en lo más íntimo de mi ser, y no podía, ni quería, hacer nada para evitarlo. 

            Fue entonces que me resultó obvio que estaba ante un talento monumental que había logrado distanciarme del rutinario y mecanizado acto contemplativo en que muchas veces incursionamos cuando nos hemos expuesto a demasiado arte de distintos niveles de calidad, y parecería que hemos perdido la capacidad de asombrarnos ante algo verdaderamente especial.  La obra de Claudia provocó mi reacción más visceral y se ocupó de implantar su huella en mi mente como tinta indeleble.  Cuando se recrea mentalmente durante el día una obra que no acompaña físicamente al que la evoca, se sabe que el artista le insufló toda la extensión de su alma.  Indudablemente, el empeño en lo que se hace desde esa esfera del ser no puede pasar desapercibido para almas afines a la del artista. 

           
 La obra de Claudia pulsó una sensible cuerda en las profundidades de mi ser y, habiendo alcanzado mis emociones su desbordamiento ante la experiencia estética, identifiqué que se había gestado en mí la imperiosa necesidad de expresar esos sentimientos de algún modo tangible.  Necesitaba rebasar la complacencia que produce el sumergirse en la belleza y regodearse plácidamente en ella.  Alcancé la convicción de que el buen arte producido con destreza, alma, corazón y vida, requiere nuestra respuesta, y que el ser coleccionista y no crítico no nos incapacita para reciprocarle al artista y su obra con la articulación formal de nuestro agradecimiento, ello aunque nuestro papel en el panorama artístico sea concebido por muchos estrictamente como uno de poner nuestros pocos o muchos recursos materiales al servicio de la adquisición de alguna pieza de arte.

            Reconociendo que no podía obsequiarle una crítica artística, terreno éste diestramente trabajado por probados artífices de la palabra y la historia y crítica del Arte, ofrecí brindar lo que nadie me puede negar ni juzgar de incorrecto o desatinado: la articulación de las razones íntimas y personales que me dirigieron  a querer convivir con el arte de Claudia Senior Rogés,

            Para lograr mi cometido en toda su extensión, necesitaba dialogar nuevamente con la artista y hurgar en el recuento de su vida el punto de origen de su fuerza expresiva, cromática y matérica. Quería lograr un atisbo de las  fuerzas que pueden elevar el alma humana a tal grado en que le es dado entrar en contacto con unos estadios de creación plástica que para la mayoría de nosotros resultan impensables.
Exposición "Revelaciones" de Claudia Senior Rogés en la Casa Ashford de Condado 
Foto suministrada

            Para mi fortuna, pude compartir un sábado hermoso y memorable con la artista.  Sin remilgos ni temor a desnudar su alma, Claudia se presentó tal cual es, en toda su fortaleza y vulnerabilidad, exhibiendo una madurez más allá de sus años al abordar y recrear procesos de su vida, y concatenar los mismos con lo que es el contenido y esencia de su arte.  Pude comprender que su serie sobre hojas es una propuesta auténtica y original porque, más allá de buscar asirse de un proceso lógico, intelectual y racional en pos de una propuesta artística que anime su quehacer profesional, devela y revela matices y pigmentos escondidos que reclaman ser expuestos a la luz y, una vez liberados, quizás la ayuden a revelar una mejor idea de sí misma.  Este proceso de revelado es la consecuencia natural de la manera directa, honesta y sin artificios con que Claudia aborda y lidia con sus emociones, y empeña su alma y su ser en encontrar sus verdades.

            Claudia me presentó vívidamente a la pequeña niña, hija de padre colombiano y madre cubana que, aún sabiéndose puertorriqueña, quedó inmersa en un entretejido cultural multiforme en el cual varias cosmovisiones y sentidos identitarios luchaban por reclamar su lugar dentro de ella, compeliéndola a revelar gradualmente los trazos lumínicos de su identidad bajo los diversos ropajes que la ataviaban, dándole una mejor comprensión de su persona como ser único e insustituible con una visión de vida muy madura, sensible e integral.  Claudia acomete valientemente ese proceso sin saber cuál será la composición final, pero entendiendo que su proceso de búsqueda la coloca por fuerza frente a un hermoso cuadro caleidoscópico de herencias culturales y enfoques intelectuales y emocionales con los que cuenta para entender este fascinante viaje que llamamos vida. 



            Quizás la riqueza de esta artista y su bello plumaje artístico multicolor reside en gran medida en esa fascinante heterogeneidad que, desde el inicio de sus días, se ha ido asentando hasta lograr una síntesis armoniosa, lógica y coherente, presentando a una exquisita mujer de grandes quilates humanos que deja su huella por donde camina con paso fuerte y seguro, superando los avatares que se le presentan, y dotando con sus ricas vivencias un arte hermoso, depurado y que exige la más cuidadosa y respetuosa contemplación. 


Claudia evoca con nostalgia las conversaciones en el seno de su hogar, en el que sus padres, médicos de profesión, le hicieron conocer las profundidades y misterios del cuerpo humano como naturaleza viva y palpitante, de un modo distinto en su forma, pero esencialmente igual, a la manera en que los esposos Candelas, ambos biólogos de profesión, le regalaron a nuestro Julio Rosado Del Valle una vision íntima de la naturaleza a través del microscopio, permitiéndole descubrir realidades naturales que de otro modo hubieran escapado a sus ojos o lo hubieran privado del estímulo visual de un microcosmos muy singular que fue parte medular de su producción plástica y de su merecido lugar como pionero de la abstracción puertorriqueña.

Con particular orgullo, Claudia evocó a su abuelo materno que, no pudiendo ejercer en Puerto Rico la profesión de arquitecto que ejercía en su natal Cuba, tuvo que reinventar su propuesta profesional y volcar su creatividad en el diseño de majestuosos espacios interiores en que no claudicó nunca su compromiso y visión de conjugar arquitectura y Naturaleza.  Derivado de ese genio y sensibilidad, su abuelo diseñó la residencia en que Claudia gozó de la plenitud de un entorno doméstico en que la vegetación era una presencia constante.  Desde cualquier punto de la residencia, tanto en su interior como exterior, Claudia tenía al alcance de sus curiosos ojos exuberante vegetación que marcó y definió su modo de ver, quedando inscrito irremediablemente en su alma el amor por la Naturaleza y su compromiso de recrearla y encontrar en ella retazos de su verdad existencial.  Ese compromiso con la vida natural, consustancial a la obra de Claudia, y parte inmanente de su verdad, fue legado de un abuelo visionario que, indoblegable en su compromiso, respetó la integridad de palmeras en el terreno sobre el que se construiría la vivienda familiar, diseñando el espacio de modo que permanecieran incólumes y se convirtieran en huéspedes perennes de la residencia misma.


La artista describe su proceso como una revelación gradual de los colores y formas que, si bien planifica en alguna medida al inicio del proceso, guardan un aire de misterio e incertidumbre respecto a la composición final. Su propuesta es auténtica e irresistible, no solamente por su evidente destreza técnica, sino por estar anclada en un proceso de introspección y revelación de a poco de los diferentes matices y formas que se cobijan en su mundo interno y que la artista va exponiendo ante el espectador.

Resulta hermoso y sublime ver cómo una artista expone su alma en la tela con verdadera autenticidad y sentido de propósito.  En los momentos más álgidos de su vida, en que la adversidad la ha visitado con más cercanía, Claudia ha desarrollado con mayor frenesí su propuesta, pues ha encontrado la necesidad de extraer capas para revelar verdades más profundas con las que ha tenido que encontrarse y reconciliarse, hasta toparse con rayos de luz y color que le permiten conocer el cuadro de su persona.  En ocasiones desiste de continuar extrayendo cintas, pues el cuadro ya develado ante sus ojos revela la plenitud que le es inherente, y aplaca por el momento su nerviosa búsqueda.  Permancen en el lienzo, sin embargo, más cintas no reveladas cuyos misterios quizás nunca serán revelados por la artista, pero el proceso de develación siempre la lleva al puerto seguro de esos años felices y dulces en que su abuelo la enseñó a amar la Naturaleza.  Esas lecciones le servirían de clave y fundamento para conjugar su presente con lo mejor de la historia de su vida. 


Exposición "Revelaciones" de Claudia Senior Rogés en la Casa Ashford de Condado
Foto suministrada

Claudia Senior Rogés es una talentosa, inteligente, dulce y firme joven mujer con una profunda sensibilidad que le asegura en su transitar por esta vida develaciones y revelaciones plásticas de extraordinaria belleza y poder pictórico y vivencial.  La densidad y abundancia de sus emociones no puede sino producir el más refinado, excelso y retante arte que genio creativo alguno pueda ser capaz de producir.  Su encuentro con la adversidad la ha humanizado y colocado sus pies muy en la tierra, pero a la vez ha hecho circular bajo las alas de su fecundo ingenio el limpio y fuerte viento que le permitirá remontar vuelo para alcanzar alturas muy merecidas en el panorama artístico patrio.

Claudia Senior Rogés presenta una muestra de sus obras en la Casa Ashford, en Condado, como parte de su primera exposición individual auspiciada por el Museo de San Juan y REM Project, dando inicio al ciclo de Contemporary Art Nights.  Para más información, puede visitor el portal de remproject.gallery@gmail.com o llamar al Sr. Roberto Escobar al (787) 547-5757.

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