martes, 27 de diciembre de 2016

El Reto Incesante de la Abstracción de Luis Hernández Cruz

Aproximaciones a la abstracción 3, acrílico sobre tela, 48” x 60” 


Por Lic. Luis Cotto Román / Abogado de una firma legal en Puerto Rico,  coleccionista y amante del arte.

Hay artistas que, acumulada ya una larga carrera y, siendo autores de una obra prolífica y de calidad que les ha agenciado una posición de privilegio en los anales de la historia de las artes plásticas, optan por poner sus miras en preservar incólume su legado, evitando rutas atrevidas y desconocidas que pudieran “confundir” a su público y llevarlos a perder el favor de éste.

            Hay otros, sin embargo que se niegan a descansar en sus laureles y sorber plácidamente el dulce elixir del triunfo, pues saben que el verdadero artista no puede darse el lujo de regodearse en la complacencia, pues si así hiciere, el resultado inevitable sería el anquilosamiento y la fosilización de su arte. No temen que el proceso de exploración les haga perder la brújula que los llevó en primera instancia al éxito, pues saben que su faro rector nunca fue la timidez y el temor paralizante, sino el análisis acucioso y la búsqueda febril de nuevos modos de expresión que materializaran el variado espectro de sus pensamientos y emociones. Luis Hernández Cruz pertenece a esta estirpe. Él es de esos artistas que ha hecho suyo el ideario de ese portaestandarte de la Generación del 98 española, Miguel de Unamuno, cuando expresó: “¿Orientación segura te exigen? Cualquier punto de la rosa de los vientos que de meta te sirva te excluye a los demás. Y, ¿sabes acaso lo que hay más allá del horizonte? Explóralo todo, en todos sentidos, sin orientación fija, que si llegas a conocer tu horizonte todo, puedes recogerte bien seguro en tu nido”.


Vista de la exposición Luis Hernández Cruz “Obra Reciente, 2015-2016”

            Una voz interior muy similar a la de Unamuno ha guiado el alma y la ejecución creativa de este virtuoso de la plástica, pues su producción reciente, aglutinada en la exquisita muestra “Obra Reciente, 2015-2016”, en Obra Galería Alegría, anuncia a un artista que, ya cumplidos sus ochenta años, no claudica en su empeño de continuar explorando lo que hay más allá del horizonte, pues bien sabe que pasado el umbral de ese horizonte misterioso y enigmático, permanecerán más revelaciones por descubrir en éste, lo que le impedirá recogerse por el momento bien seguro en su nido. ¿No sabrá acaso el artista que recogerse bien seguro en su nido por haber dado por satisfecha la urgencia de la búsqueda, es una forma de morir? Nos inunda de alegría la resolución tomada por este querido artista de continuar incesantemente su búsqueda, pues si así no fuera, nos privaríamos de ser felices testigos de su muestra en “Obra Reciente, 2015-2016”. En esta exhibición,  Hernández Cruz nos comparte fascinantes paisajes que visita por primera vez, o revisita otros, ya con la experiencia ganada por los años que se aglutinan en una vida plenamente vivida.

En 2014, fuimos afortunados en acudir a una exposición individual del artista en Obra Galería Alegría, la cual podríamos considerar constituyó una breve antología que nos permitió apreciar las diferentes etapas de su producción. Observamos entonces que la abstracción lírica de sus inicios y su posterior inclinación hacia lo geométrico, consustanciado con el espíritu telúrico y pre-hispánico de sus telas y esculturas, fue dando paso a un modo de ver más retante, en que los referentes de contemplación comenzaron a ser mediatizados por el filtro de líneas, cuadros y rectángulos. En 2014, advertimos que la geometría presentada ante la consideración del público a ese momento, en lugar de formar parte intrínseca del objeto último de contemplación, se convirtió en una cautivadora antesala.


La Flota de Papel, acrílico sobre lienzo, 72” x 84”

Hernández Cruz nos impactó decisivamente entonces con unos paisajes pixelados que retaban nuestro modo de ver, del mismo modo en que el artista ha hecho en cada etapa de su fructífera carrera. Paisajes urbanos, ciudades del futuro y entornos reales e imaginarios de encuentro social fueron presentados plásticamente por el artista a través del filtro de los pixeles de películas y cámaras digitales que han intervenido irremediablemente en nuestra manera de captar el paisaje en el que coexistimos y nos relacionamos.  La inmediatez de esta tecnología, y su extendida presencia en nuestra cotidianidad, han alterado nuestro modo de mirar el mundo que nos rodea, dando paso a una propuesta que reconoce esta realidad y no pretende luchar contra ella.  Los mencionados paisajes, vistos a través del pixel, la rejilla, las formas cuadriculadas, o cualquiera de sus expresiones afines, se erigieron como la culminación de una tendencia del artista de hacía varios años en que fue apaciguando la urgencia del trazo y la sensualidad táctil de las texturas, optando por destacar el color, la forma geometrizada y la composición.

Los paisajes que nos ofrece Hernández Cruz se han enriquecido expresivamente en los últimos dos años, desplegando todo el esplendor de las variaciones y paletas cromáticas que nos colocan ante una multiforme manera de ver. Fui el feliz beneficiario de contemplar la primicia de sus nuevas expresiones plástico-poéticas, que conformarían “Obra Reciente, 2015-2016”, en su acogedora y hermosa residencia en Guaynabo en horas de la noche del último día del mes de noviembre de 2016. El artista, con su acostumbrado y contagioso sentido del humor y la retante conversación que me presentaba su fino intelecto, repasó conmigo las varias etapas de su carrera, y me invitó a un esfuerzo conjunto de análisis de la evolución de su lenguaje plástico hasta llegar a las formidables telas que conforman su muestra “Obra Reciente, 2015-2016”.


Vista de la exposición Luis Hernández Cruz “Obra Reciente, 2015-2016”

El reticulado se presenta a veces más grande; otras, en dimensiones más reducidas. Por momentos, el artista varía en una misma tela los tamaños del cuadriculado para dotar de dinamismo la composición y facilitar la lectura y contemplación de la pieza, tal como ocurre en “La flota de papel”, admirable pieza en que su autor no puede ocultar un particular orgullo por la elegancia y destreza logradas en el diseño y la composición final.

En otros momentos, Hernández Cruz nos presenta el reticulado integrado al objeto final, formando parte de la misma piel del objeto representado, abandonando el reticulado su función original de servir de antesala a través de la cual el artista nos invitaba a ver. Este cuadriculado, en ocasiones más irregular y menos ordenado, esto es, más orgánico, aparece imbricado con la esfera de la naturaleza terrenal o celeste que el artista pretenda representar. Una pieza paradigmática de este estilo es “Aproximación a la abstracción 3”, en que Hernández Cruz traslada el cuadriculado al paisaje mismo, a modo de parchos irregulares de color, y con mayor pastosidad, reminiscente de la impronta más informalista de etapas tempranas de su carrera. De ese modo, lo que era un recurso de asistencia a la contemplación del referente último, se convierte en parte de la piel del referente mismo, fungiendo en esta ocasión de antesala unas líneas verticales paralelas de varios colores.


Figura Geometrizada, acrílico sobre lienzo, 60” x 48"

En lo que personalmente considero un extraordinario y hermoso ejemplo de la transformación del cuadriculado de su papel de velo a través del cual se contempla, a formar parte de la piel misma del objeto que sirve de referente, el artista nos ofrece “Figura geometrizada”. En esta tela,  una figura central indefinida, que nos evoca esa época de los ochenta en que Hernández Cruz plasmó en la tela sus “anti-figuras”, se ve circundada por, e imbricada con, un copioso cuadriculado que se le adhiere cual si fueran escamas. La figura central, de colores cálidos, que podría parecer una columna de fuego, se ve apaciguada y refrescada por la serenidad de unos verdes y azules que la cobijan y arrullan. Es realmente una pieza sublime de extraordinaria belleza y poder plástico que pone al relieve lo afortunado que es el mundo del arte patrio en 2016 al contar con un artista de sobrados quilates que desde la década del sesenta nos viene fascinando con sus mágicas telas, y se adentra en el 2016 con un poder pictórico renovado y original.

Observamos en esta etapa del artista ciertas obras, como “Cosmos infinito 1” y “Cosmos infinito 2”, en las que el cuadriculado parece imponerse como el objeto principal de la pieza, no como parte de la piel de otro referente ni como recurso auxiliar en la contemplación. En piezas de este tipo, parece suprimirse otra insinuación de referente que no sea el cuadriculado mismo, pareciéndonos que el artista presenta simbólicamente el cuadriculado para representar la inmensidad de un universo desconocido e infinito del que sólo tenemos un atisbo general al contemplar el firmamento en su plenitud y majestuosidad. El cuadriculado copioso y abrumador pacientemente plasmado por el artista en la tela, pudiera representar esas pequeñas y distantes luminiscencias que prometen otros mundos más allá de nuestro horizonte, imposibilitando el anclaje seguro de nuestras percepciones. Aunque aparencialmente abstracta, es difícil concebir una representación más realista de lo que es un cosmos desconocido e inescrutable.


Vista de la exposición Luis Hernández Cruz “Obra Reciente, 2015-2016”

Una observación merece ser destacada. No obstante la presencia en esta muestra de piezas que parecen aferrarse a un lenguaje puramente abstracto, siempre vemos en los contornos de alguna forma creada por el artista, en la orientación horizontal de muchas de las piezas, o en su paleta, alguna sugerencia de paisaje. Ello no es raro en el lenguaje hernandezcruziano, pues como bien observó Federica Palomero en su ensayo “Luis Hernández Cruz: Abstracción en Libertad”, que formó parte del catálogo de la exposición retrospectiva que tuvo el artista en 2003 en el Museo de Arte de Puerto Rico, “[p]ersisten los datos de lo real debajo de la expresión plástica fundamentada en el puro goce cromático y matérico y esa persistencia de lo real en la imagen liberada de la representación es un rasgo mayor del arte de Luis Hernández Cruz en casi todas las etapas de su dilatada producción”. p. 16.

La contemplación por el espectador de una seductora y cautivadora abstracción o, por el contrario, su frenesí en intentar descubrir referentes figurativos o realistas en las telas, constituyen resultados que este artista-filósofo reconoce no están en sus manos, pues una vez aprehendida en su mente la obra que gravita en el mundo de sus ideas, y elaborada con sus hábiles manos para traducirla a la materia y exponerla al universo de lo sensible, la obra toma su propia vida y queda sujeta a cuantas interpretaciones quieran adjudicarle los espectadores que, en el ejercicio de su voluntad, le dediquen su tiempo, alma e intelecto a las expresiones creativas tangibles de este extraordinario artista y traten de descifrar los misterios que subyacen en sus imponentes y sobrecogedores lienzos.


Aproximaciones a la abstracción 1, acrílico sobre tela, 48” x 60” 

Hernández Cruz, quien no puede ocultar su admiración hacia el pensamiento del filósofo francés Maurice Merleau-Ponty, concurre con éste en que la percepción del espectador es el elemento final que necesariamente completa el proceso de la creación artística. Según Merleau-Ponty, “….las cosas no son simples objetos neutros que contemplamos; cada una de ellas simboliza para nosotros cierta conducta, nos la evoca, provoca por nuestra parte reacciones favorables o desfavorables, y por eso los gustos de un hombre, su carácter, la actitud que adoptó respecto del mundo y del ser exterior, se leen en los objetos que escogió para rodearse, en los colores que prefiere, en los paseos que hace”[1].

Es difícil precisar qué camino seguirá Hernández Cruz en esta brillante etapa de su carrera, pues cuando nos aprestamos a identificar lo que consideramos un patrón y, con ello, una etapa, el artista nos sorprende con expresiones disímiles, sin sacrificar, claro está, la calidad y la riqueza de cada expresión. Como ya hemos señalado, su obra juega con retículos que a veces se presentan en toda la frialdad de su geometrización, como recurso pictórico para ver a través de él otras realidades. En otras ocasiones, esos retículos adquieren una dimensión de mayor centralidad dentro de su misma geometrización, como objeto último de contemplación. En otros momentos, esas figuras geométricas se ablandan y se aferran a la piel de otro objeto, formando parte de un mismo todo orgánico. Hay instancias en que el artista las utiliza como recurso poético en su obra, ya sea como lluvia de estrellas en un cielo representado en su mejor tradición lírica, o como eco de un rumor, en una alucinante expresión poética a través de la pintura y las formas.


Vista de la exposición Luis Hernández Cruz “Obra Reciente, 2015-2016”

Al plantearse el evidente protagonismo del cuadrado en su obra, Hernández Cruz reflexiona elocuentemente en su conversación franca y sin artificios, articulando que “…yo interpreto el mundo al cuadrado. Me interesa el cuadrado como apoyo para expresar el universo como lo veo”. No es raro que así sea, a juzgar por la pulcritud del entorno hogareño en el que habita este excepcional artista y donde engendra sus portentosas y ordenadas piezas. Si analizamos ese sentido del orden y limpieza como un valor estimable y caro al artista, entendemos mejor su afición hacia el cuadrado y vemos en Hernández Cruz un ejemplo del ser humano en cuya siquis resuenan de manera clara y significativa las asociaciones que se derivan de esta figura geométrica. Sobre la simbología del cuadrado, son muchos los que entienden que anuncia estabilidad, fundamento, estructura, balance, integridad, dirección, racionalidad, confiabilidad y, a un nivel más complejo, su entronque con procesos y estadios definidos en varios órdenes de la vida, como las cuatro estaciones del año (primavera, verano, otoño e invierno); los cuatro elementos principales (agua, aire, tierra y fuego); los cuatro puntos cardinales (norte, sur, este y oeste); y los principales elementos cósmicos (sol, luna, estrellas y planetas).

En otra variante que se conjuga con las principalmente geométricas antes discutidas, advertimos cómo el artista recurre al paisaje y lo nutre de otras formas, con efectivas alusiones a esa cautivadora etapa de formas telúricas y pre-hispánicas que tan sensiblemente trabajara a mediados y finales de los setenta, pero ataviadas en 2016 con un ropaje y una paleta distintos, como es el caso de “Una epifanía”. En dicha tela, la presentación parece ser muy distinta a la de esa fascinante etapa, pero nutre esta expresión con esa misma esencia  que nos hizo plantearnos a mediados y finales de los setenta un pasado en común y una cosmovisión compartida por un Pueblo que reconoce que en gran medida la clave para viabilizar su mejor porvenir posible reside en su capacidad de escuchar los ecos de su pasado. “Una epifanía”, de expresión más orgánica y de singular belleza, presenta una impactante tierra color rojo que cobija vibrantes figuras evocadoras de su iconografía pre-hispánica y telúrica, sobre la cual se ve el horizonte y un cielo etéreo de tonalidades que promueven la serenidad y la imperturbabilidad, no obstante el dinamismo de las formas que allí flotan. Esta pieza no es mediatizada por cuadriculado alguno ni líneas verticales ni horizontales paralelas que le sirvan de antesala, como en otros trabajos. Para Hernández Cruz, quien es amante de la más diversa música clásica, procurando, cual comprometido artista contemporáneo, valorar las expresiones también contemporáneas de la música, “Una epifanía” evoca en él la partitura del ballet “El Rito de la Primavera”, de Igor Stravinsky, controvertible expresión musical cuyo poder y expresividad singulares, foráneos al lenguaje musical imperante al momento, resultaron difíciles de asimilar para el público que acudió a su premiere en el 1913 en el Teatro de París, desencadenándose un caos  y un motín ante tan inesperada propuesta musical que se apartaba de las estructuras melódicas tradicionales. “Una epifanía” es para Hernández Cruz una pieza que, similar a “El Rito de la Primavera”, expresa un poderoso y sensual movimiento de formas y una rica y cadenciosa danza de color. No hay duda alguna de que sensaciones como ésta sólo pueden ser expresadas de manera tangible por los talentos más granados y las almas más profundamente sensibles que saben cómo expresar la plenitud de las más ricas y multiformes emociones en la materialidad de las formas y los colores.
 
Epifanía , acrílico sobre tela, 76” x 96” 

Otra obra de corte marcadamente orgánico es “Aproximación a la abstracción 1”, elegante y sutil pieza en que prevalece un conjunto de formas blancas salpicadas por rojo, negro, verde, gris, azul, violeta y amarillo mostaza, vistas a través de unas líneas paralelas verticales en varios colores, similar al recurso utilizado en “Aproximación a la abstracción 3”, el cual, advertimos, había utilizado en 1994, en su obra “Nubes inmensas”.

Mi recorrido por el alucinante mundo de formas y colores de Luis Hernández Cruz finalizó en una nota congruente con ese atributo tan suyo de beber de las diversas y más sublimes fuentes de la creación humana y del arte. Bastó un comentario entusiasta de mi parte sobre su colección de vídeos de música clásica para que el próximo paso fuera sentarme con el artista a deleitarme en la meliflua y a la vez potente voz y, por qué no admitir, belleza, de la soprano rusa Anna Netrebko en un Casta Diva de ensueño, quien acometiera con seguridad y prestancia el reto de incursionar en territorio marcado por la inolvidable María Callas. Compartió conmigo, con profunda emoción, la expresiva e incomparable interpretación que hiciera el barítono francés Ludovic Tézier de las arias Per me giunto y lo morró, ma lieto in core, de Don Carlo, de Verdi. Con igual dosis de la admiración que le prodigara a estos magistrales exponentes del bel canto y la ópera, Hernández Cruz no dejaba de articular su más profunda admiración y deleite al contemplar el magistral diseño del escenario de ese memorable encuentro musical: el Festival de Teatro de Baden-Baden, que expone las delicias de su diseño al público desde 1998 combinando pasado y futuro en una expresión arquitectónica de incomparable belleza, ejemplo de lo cual es la incorporación de la antigua estación de ferrocarril del pueblo al diseño del vestibulo del teatro.

Me despedí del artista, agradecido de haberme convidado a degustar un delicioso manjar de pintura y música; sus recuerdos mejor atesorados; y la revelación de sus amores más profundos. Participé junto a él de su feliz encuentro en Venecia con Octavio Paz; sus conversaciones y amistad con Nilita Vientós Gastón, Damián Bayón y Fernando De Szyszlo. Me permitió apreciar, además, el amor que le prodiga a sus hijos y el profundo orgullo que siente por ellos y lo que han logrado en sus vidas. Me transmitió la energía  de su apreciación de la belleza de lo cotidiano y conocido de la vida; pero también sus inquietudes por conocer los misterios de ese universo que trata de descifrar a través de su arte. Abandoné su hogar con la profunda convicción de que, si algo nos demuestra la producción que conforma “Obra Reciente, 2015-2016”, es que Hernández Cruz parece estar muy lejos de decir su última palabra en la plástica, pues su expresión creativa se ha ampliado con sus vivencias y con ese espíritu de búsqueda y exploración que niega a sofocar por algún temor a expresar ideas plásticas que pudiéramos juzgar carentes de la magia de antaño. Con profunda satisfacción y honestidad, es mi sentir que el encanto y el poder de su obra no han sufrido un ápice en esta nueva etapa, y que somos afortunados testigos de otro capítulo memorable en la admirable carrera de este pintor-amigo que sabe muy bien que su horizonte creativo es tan amplio que, intentar recogerse bien seguro en su nido, le privaría de remontar ese vuelo del que los genios creativos más fecundos pueden regresar con una visión renovada y con el obsequio al espectador de nuevos modos de ver y sentir.  

“Obra Reciente, 2015-2016” de Luis Hernández Cruz, estará expuesta hasta mediados del mes de enero de 2017 en Obra Galería Alegría. Para mayor información, puede comunicarse al (787) 723-3206/3226.





[1] Maurice Merleau-Ponty, El Mundo de la Percepción, Siete Conferencias, Fondo de Cultura Económica, S.A., Primera edición en español, 2003 (Traducidas de “conversaciones” dictadas por Merleau-Ponty para su difusión en la radio en 1948, pág. 30 (Itálicas en el original)

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